El monasterio de Yuso, cuyo nombre significa “abajo”, fue construido a partir del siglo XI en el valle, cuando la comunidad monástica creció y se hizo necesaria una sede más amplia. Este conjunto refleja la evolución del monacato medieval desde los primeros asentamientos eremíticos hasta las grandes comunidades cenobíticas organizadas. Su arquitectura incorpora elementos románicos, góticos y barrocos, lo que muestra la larga continuidad histórica del monasterio.

El monasterio es también célebre por las Glosas Emilianenses, una serie de anotaciones escritas en los márgenes de manuscritos latinos hacia los siglos X y XI. Estas glosas fueron realizadas por monjes que buscaban explicar o aclarar el significado de determinados pasajes en latín, utilizando formas tempranas de las lenguas romances habladas en la región.

Las Glosas Emilianenses constituyen uno de los testimonios más antiguos del castellano escrito y contienen también algunos términos en euskera. Por esta razón, San Millán de la Cogolla es considerado un lugar fundamental para comprender el origen y la evolución de las lenguas romances en la península ibérica.

Además de su importancia lingüística, el monasterio desempeñó un papel esencial en la preservación del conocimiento durante la Edad Media. Los monjes copiaban y estudiaban textos religiosos, obras patrísticas y documentos históricos, contribuyendo a la transmisión de la cultura escrita en una época en la que los manuscritos eran el principal vehículo de difusión del saber.

Gracias a su actividad intelectual, a su producción manuscrita y a la relevancia cultural de sus bibliotecas, San Millán de la Cogolla se convirtió en uno de los principales centros monásticos del norte de España. Su legado sigue siendo fundamental para comprender la historia cultural, religiosa y lingüística de la Edad Media peninsular.