Durante esta fase, los ejemplares producidos se examinan cuidadosamente para verificar que todos los elementos del manuscrito han sido reproducidos con precisión. Este proceso incluye la revisión de las páginas impresas, los materiales utilizados y la encuadernación final.

Una vez completadas las fases de impresión, reproducción de detalles artísticos y encuadernación, se realiza una revisión minuciosa del facsímil para comprobar que su apariencia coincide con la del manuscrito original.

Imagen donde se ve una persona trabajando sobre un manuscrito con elementos de medición y muestras de colores. Mirando todo detalladamente con una lupa y una buena iluminación.
Trabajador realizando el proceso de control de calidad de un facsímil

Este control implica comparar directamente el facsímil con el documento original o con las imágenes de referencia obtenidas durante el proceso de digitalización. Los especialistas revisan aspectos como la precisión de los colores, la nitidez de las miniaturas, la posición de los elementos decorativos o la correcta reproducción de marcas y particularidades del códice.

En muchos casos, esta verificación se realiza página por página para asegurar que todos los detalles del manuscrito han sido trasladados correctamente al facsímil.

Imagen donde se ve una persona trabajando sobre un manuscrito con elementos de medición y muestras de colores. Mirando todo detalladamente con herramientas de visión iluminadas.
Trabajador realizando el proceso de control de calidad de un facsímil

Además de comprobar la fidelidad visual de la reproducción, el control de calidad también evalúa la resistencia y estabilidad de los materiales utilizados.

Los soportes de impresión, ya sea papel especializado o pergamino simulado, se someten a pruebas destinadas a comprobar su comportamiento frente a diferentes condiciones ambientales, como variaciones de temperatura o humedad. Estas pruebas permiten asegurar que el facsímil mantendrá su estabilidad con el paso del tiempo.

La encuadernación también es revisada cuidadosamente. Se comprueba la solidez del cosido, la fijación de las cubiertas y el correcto funcionamiento de elementos como cierres o herrajes cuando están presentes. Todo ello garantiza que el facsímil pueda manipularse sin comprometer su integridad.

En algunos proyectos editoriales, especialmente en ediciones de gran relevancia, el facsímil puede ser revisado también por especialistas externos.

Conservadores de museos, historiadores del arte o expertos en manuscritos medievales participan en la evaluación del resultado final para comprobar que la reproducción respeta las características esenciales del original. Esta revisión independiente aporta una garantía adicional sobre la calidad y precisión del facsímil.

Una vez superadas todas las fases de revisión, el facsímil se considera apto para su distribución. En este momento, cada ejemplar suele acompañarse de una certificación que acredita la autenticidad de la reproducción.

En muchas ediciones facsimilares, esta certificación se formaliza mediante un acta notarial protocolizada que se incluye junto al libro. Este documento acredita que la edición ha sido realizada siguiendo criterios de fidelidad y que el facsímil corresponde a una reproducción autorizada del manuscrito original.

Además, los facsímiles suelen publicarse en tiradas limitadas y numeradas. Cada ejemplar recibe un número individual que forma parte de la edición, lo que contribuye a garantizar su exclusividad y facilita su identificación dentro de la serie.

Gracias a este proceso de control y certificación, el facsímil final puede considerarse una reproducción rigurosa y fiable del manuscrito original.