La digitalización y escaneo de manuscritos medievales constituyen una etapa fundamental en la creación de un facsímil. Mediante equipos fotográficos y escáneres de alta precisión es posible registrar cada detalle del documento original, desde la textura del soporte hasta la intensidad de los pigmentos y los dorados.

Imagen donde se ve a una mujer comprobando en el ordenador si la foto o escaneo que ha realizado del códice es correcta.
Mujer comprobando la imagen escaneada de un códice

Uno de los primeros pasos consiste en digitalizar cada página del manuscrito utilizando cámaras o escáneres de muy alta resolución. Estos equipos permiten capturar con gran precisión los detalles del soporte, ya sea pergamino, vitela o papel antiguo, así como las particularidades de la escritura y las miniaturas.

La calidad de esta captura es esencial, ya que cualquier error o pérdida de información en esta etapa afectaría a la reproducción final del facsímil.

Muchos manuscritos medievales contienen pigmentos delicados, dorados o materiales reflectantes que requieren condiciones de iluminación muy controladas. Para evitar daños en el original y garantizar una reproducción cromática precisa, se utilizan sistemas de iluminación difusa y calibrada que permiten capturar los colores con la mayor fidelidad posible.

Representación de un escáner trabajando sobre un manuscrito, pudiéndose apreciar el los ordenadores adyacentes la imagen de la página escaneada del libro.
Representación del escaneo de las páginas de un códice

Una vez digitalizadas las páginas, las imágenes obtenidas pasan por una fase de revisión técnica. Los especialistas analizan cada captura para detectar posibles imperfecciones producidas durante la digitalización.

El objetivo de esta fase no es alterar el manuscrito, sino asegurar que la imagen digital refleje con precisión el original.

Durante esta etapa se eliminan reflejos accidentales, sombras no deseadas o pequeñas distorsiones producidas por la iluminación o la curvatura del soporte.

También se realizan ajustes cuidadosamente calibrados para asegurar que las tonalidades y contrastes coincidan con el manuscrito original. Esto es especialmente importante en los manuscritos iluminados, donde los colores tienen un valor artístico y simbólico muy significativo.

La digitalización de un manuscrito histórico exige protocolos estrictos de conservación. Estos documentos suelen ser extremadamente frágiles, por lo que su manipulación debe realizarse con gran cuidado.

Durante las sesiones de trabajo se emplean soportes especiales que permiten abrir el códice sin forzar la encuadernación ni dañar el lomo. Además, los especialistas supervisan constantemente factores como la iluminación, la temperatura y la humedad para garantizar que el manuscrito no sufra ningún deterioro durante el proceso.

Estas medidas permiten documentar el manuscrito con precisión sin comprometer su integridad física.