Las exequias de Carlos V fueron uno de los actos ceremoniales más solemnes del siglo XVI, y gracias a una extraordinaria serie de grabados podemos conocerlas hoy con un nivel de detalle asombroso. Celebrada en Bruselas en 1558 por iniciativa de Felipe II, la procesión fúnebre del emperador no fue solo un homenaje póstumo, sino una poderosa declaración visual de continuidad, orden y autoridad imperial.

A lo largo de decenas de estampas, el cortejo avanza con precisión casi coreográfica: reyes de armas, nobles, caballos ricamente engalanados, estandartes territoriales y complejas alegorías construyen un relato visual en el que cada figura ocupa un lugar exacto. Estas imágenes no solo documentan un acontecimiento histórico, sino que transforman el funeral en un mensaje político destinado a perdurar.

En el nuevo apartado de la web analizamos el contexto histórico del funeral, el significado simbólico de las escenas representadas, el trabajo de los grabadores flamencos y las características de la edición facsimilar moderna, que reproduce fielmente este conjunto excepcional.

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